La lluvia
Durante mi infancia y adolescencia pasaba las vacaciones de verano completitas en el rancho que mis tíos tenían en la huasteca, entre Tampico, Ébano y Pánuco.
Una de las experiencias mas gratas de mi vida ha sido aprender a “leer las nubes” pero no como cierto exprechidente.
Debido a que la zona es una larga planicie, solo había que sentarse, observar las nubes y sentir el viento.
Al principio me sentaba junto a mis tíos en algún pasto o solo deteníamos el andar de los caballos y de repente me decían, “mira” señalando a la distancia.
A lo lejos uno observaba a las nubes, que se veían gordas y negras, rebosantes de agua.
Después de una pequeña observación alguien decía, “en una hora llueve y va a pasar por aquí, vamonos”.
Algunas otras veces me sorprendían y me llevaban a caminar a la orilla de la nube y rodeábamos a la lluvia, podíamos ver caer un aguacero a 10 metros de distancia y solo sentir una suave brisa.
Cuando regresaba a la ciudad, por las tardes del mes de septiembre me subía al techo de mi casa a observar nubes e intentar realizar lo que hacían mis tíos
Mis primeros intentos fueron bastante torpes y no lograba atinarle, después con el tiempo note que mi efectividad subía pero continuaba teniendo fallos.
Durante un tiempo olvide dicha habilidad hasta que un día lleve a una novia al autódromo y le dije que íbamos a rodear a la lluvia.
Me dijo que estaba loco y que la llevara a su casa, por que nos íbamos a mojar.
Pensé no repetir la misma estrategia, hasta que conocí a “E” y un día caminando por su casa, vi las nubes y le propuse observar a la lluvia.
Me miro con incredulidad pero acepto.
Caminamos hasta llegar a una avenida, la invite a sentarse en la banqueta y a observar como llovía del otro lado de la avenida, ella se notaba inquieta (supongo que pensaba que nos mojaríamos) pero permaneció a mi lado hasta que dejo de llover.
Al terminar la lluvia me beso como nunca nadie lo ha vuelto a hacer.
En días como este sigo extrañando a “E”.
Mayo 9, 2008 en 5:18 pm
Mi abuelo paterno era campesino en michoacan, muy cerca de zacapu>morelia. El me enseño a leer las nubes. Yo las amo. Cuando todo mundo se entusiasma con las estrellas, yo busco nubes, me parecen irreales.
En cuanto a su abundante llanto, o a su leve lloriqueo no me preocupa, me encanta mojarme con agua de lluvia.
Besos mojados
SM
Mayo 9, 2008 en 5:58 pm
Esas experiencias campiranas aunque de manera indirecta son bastante enriquecedoras.